Regreso a la escuela: Tiene que ser todo o nada.

 Regreso a la escuela: Tiene que ser todo o nada.

El riesgo educativo por el cierre de escuelas es mayor para los menores. Para las niñas y niños de preescolar, primaria y secundaria. Cualquier preparatoriano que estudia en su casa tiene más posibilidades de salir adelante si cuenta con las condiciones mínimas y con una escuela que se haya tomado en serio la educación no presencial. En el caso de los niños y niñas más pequeños se requiere un acompañamiento emocional que no se logra a la distancia. Los hábitos básicos para el aprendizaje se forman a esas edades. El cierre de escuelas, aún cuando se hayan hecho esfuerzos, les ha pegado duro. Hay que volver a las aulas ya. Hay que ver cómo hacerlo bien. Otra vez: no tiene que ser todo o nada (a mí eso me lo enseñaron en la escuela). Hay formas probadas de mitigar el riesgo. Aunque los alumnos vayan dos veces por semana, aunque sus horarios sean restringidos, aunque se duplique el tiempo al aire libre, ellos van a volver y los maestros podrán dar seguimiento a su desarrollo, eso sí, la escuela debe estar abierta.

El riesgo educativo por el cierre de escuelas es mayor para los menores, para las niñas y niños de preescolar, primaria y secundaria.

Cualquier preparatoriano que estudia en su casa tiene más posibilidades de salir adelante si cuenta con las condiciones mínimas y con una escuela que se haya tomado en serio la educación no presencial.

En el caso de los niños y niñas más pequeños se requiere un acompañamiento emocional que no se logra a la distancia. Los hábitos básicos para el aprendizaje se forman a esas edades. El cierre de escuelas, aún cuando se hayan hecho esfuerzos, les ha pegado duro.

Hay que volver a las aulas ya. Hay que ver cómo hacerlo bien. Otra vez: no tiene que ser todo o nada (a mí eso me lo enseñaron en la escuela). Hay formas probadas de mitigar el riesgo. Aunque los alumnos vayan dos veces por semana, aunque sus horarios sean restringidos, aunque se duplique el tiempo al aire libre, ellos van a volver y los maestros podrán dar seguimiento a su desarrollo. Eso sí, la escuela debe estar abierta.

Para los niños, el riesgo de seguir en casa es claro: quedarse en el lado débil de la ya inmensa brecha educativa, “desengancharse” del proceso y enfrentar dificultades mayores para volverse a enganchar, o de plano abandonar y no volver. Los números impresionan: como se ha dicho tantas veces, se pone en peligro una generación entera. Hay que tenerlo en cuenta a la hora de poner las cosas en la balanza.

No se puede esperar más. Ya ahora lo que viene es de locos. El lunes 30 van a encontrar, con nombres y apellidos, una realidad hasta ahora conocida solo en lo general: quiénes son esos tres millones de niñas y niños que salieron de “vacaciones pandémicas” hace 17 meses y no han seguido los programas por televisión ni los cuadernos de trabajo, que han abandonado el proceso educativo y que no van a volver. Se van a encontrar también con padres y madres que simplemente tiraron la toalla porque no pudieron, en sus circunstancias, asegurar que sus criaturas se sentaran a ver la tele, esa tele, y trabajar en sus tareas,  y que regresarán a sus hijos a la escuela casi como salieron un año antes. O con padres y madres que no tiraron la toalla y que hicieron lo que pudieron, pero no pudieron mucho. O incluso con padres y madres que aprovecharon a sus infantes vacacionistas para ayudarse en medio de la crisis económica y familiar. Se van a encontrar con que les faltan herramientas y tiempo para saber lo mínimo de cada uno de sus alumnos alejados y para encontrar una solución dirigida a los que sí decidan regresar después de un año de otras actividades y otros hábitos no escolares. Se van a encontrar las consecuencias de no haber evaluado desde hace un año y medio. No saben qué aprendieron sus alumnos ni si tendrán que empezar de nuevo, con todos o con algunos, en todo o en algunas áreas. Y se van a encontrar con nuevas exigencias. En adelante, además de levantar la educación de la ruina, tendrán que combinar lo presencial con lo remoto y lo tecnológico: una nueva escuela. Hará falta más imaginación pedagógica de la que se ha visto durante la pandemia. Sobre todo para resolver esa desgarradora desigualdad multiplicada que verán en las aulas.

Créditos: Milenio.

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